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La dexamfetamina se utiliza para tratar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), que es una condición que afecta la concentración y el comportamiento, y la narcolepsia, que es un trastorno del sueño que causa somnolencia diurna excesiva.
La dexamfetamina actúa aumentando los niveles de ciertos químicos en el cerebro, como la dopamina y la norepinefrina, que ayudan a mejorar la concentración, la atención y el control de impulsos.
La dexamfetamina generalmente se toma en forma de tableta una o dos veces al día, con o sin alimentos. La dosis inicial para adultos suele ser de 5 mg, con ajustes realizados por el médico según sea necesario.
Los efectos secundarios comunes de la dexamfetamina incluyen sequedad de boca, pérdida de apetito, problemas para dormir y dolores de cabeza, que son reacciones no deseadas al medicamento.
La dexamfetamina puede aumentar los problemas cardíacos, especialmente en aquellos con condiciones preexistentes, y puede empeorar problemas de salud mental como la ansiedad. No debe ser utilizada por personas con problemas cardíacos severos o alergias al medicamento.