La semaglutida se utiliza para tratar la diabetes tipo 2, que es una condición donde el cuerpo no usa la insulina adecuadamente, y para el manejo del peso en adultos con sobrepeso u obesidad. Ayuda a controlar los niveles de azúcar en la sangre y apoya la pérdida de peso cuando se combina con dieta y ejercicio.
La semaglutida funciona imitando una hormona llamada GLP-1, que ayuda a regular el azúcar en la sangre. Aumenta la liberación de insulina cuando el azúcar en la sangre es alto y reduce la producción de azúcar por el hígado. También ralentiza la digestión, haciendo que te sientas lleno por más tiempo y reduciendo el apetito.
La semaglutida se toma generalmente una vez a la semana. Se inyecta bajo la piel en el estómago, muslo o parte superior del brazo. La dosis inicial es típicamente de 0.25 mg por semana, aumentando a 0.5 mg después de cuatro semanas, y puede llegar hasta 1 mg si es necesario.
Los efectos secundarios comunes de la semaglutida incluyen náuseas, vómitos, diarrea y estreñimiento, que generalmente son leves y disminuyen con el tiempo. Estos efectos están relacionados con su acción en el sistema digestivo, que ralentiza la digestión y afecta el apetito.
La semaglutida puede aumentar el riesgo de tumores tiroideos, incluido el cáncer, en estudios con animales. No se recomienda para personas con antecedentes de carcinoma medular de tiroides, que es un tipo de cáncer de tiroides, o síndrome de neoplasia endocrina múltiple tipo 2.