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El ciprofloxacino se utiliza para tratar diversas infecciones bacterianas, incluidas las infecciones del tracto urinario, que afectan la vejiga o los riñones, infecciones respiratorias, que afectan los pulmones, e infecciones de la piel, que afectan la piel. Es efectivo contra una amplia gama de bacterias, lo que lo convierte en una opción de tratamiento versátil.
El ciprofloxacino actúa inhibiendo la ADN girasa bacteriana, que es una enzima que las bacterias necesitan para replicar y reparar su ADN. Esta acción impide que las bacterias se multipliquen y se propaguen, matándolas finalmente. Es como cortar el suministro de energía a una fábrica, deteniendo la producción.
El ciprofloxacino generalmente se toma por vía oral en forma de tabletas, con dosis que varían de 250 mg a 750 mg cada 12 horas, dependiendo de la infección. Debe tragarse entero con agua y no tomarse con productos lácteos, que pueden interferir con la absorción.
Los efectos secundarios comunes del ciprofloxacino incluyen náuseas, que es sentir malestar estomacal, diarrea, que son heces sueltas o acuosas, y mareos, que es sentirse mareado o inestable. Estos efectos suelen ser leves y temporales.
El ciprofloxacino puede aumentar el riesgo de tendinitis, que es la inflamación de los tendones, y ruptura de tendones, especialmente en adultos mayores. También puede causar daño a los nervios, provocando hormigueo o entumecimiento. Las personas con antecedentes de trastornos de los tendones deben evitarlo.